miércoles, 20 de septiembre de 2017

El descenso de la especie

Cuando uno echa la vista atrás y contempla esa corriente de demencia que parece recorrer la historia del hombre, uno no puede sino preguntarse si el homo sapiens no supondrá una falla biológica, el resultado de un desgraciado accidente evolutivo. Una desafortunada mutación, un grave error de la naturaleza. Ello nos lleva a deducir que si bien el hombre puede considerarse la única especie con pasado, es más que probable que sea también la única especie sin futuro. Y esto se ve, se nota, flota en el ambiente, pero a nadie parece importarle. Como si cada uno dijera: mientras ocurra más allá de mi tiempo prescrito… Y es que, como dijera Walter Benjamin, la humanidad ha alcanzado tal grado de alienación (yo lo llamaría subnormalidad) que sería capaz de contemplar su propia destrucción como un espectáculo de primer orden. Alguna multinacional del entretenimiento, no me cabe duda, se haría con los derechos y vendería, con gran margen de rentabilidad, entradas para contemplar loe últimos estertores del planeta desde un lugar privilegiado. Claro que no es de extrañar que esto suceda cuando un preclaro filósofo, Fitche, dijo: “No rompería mi palabra ni para salvar la humanidad”. El ejemplo ha cundido y los comerciantes e industriales de todos los países pueden decir, junto a Fitche: “No renunciaría al mínimo margen de ganancias ni para salvar la humanidad”. Y no, no lo hacen, a la vista está. ¿Y qué podemos hacer los pocos conscientes del peligro ante esta indiferencia de los poderosos? Yo, por mi parte, ya me he comprado una peli porno y pienso contemplar la destrucción del planeta haciéndome una paja. Y procuraré hacer coincidir ambos clímax.


Zaragoza, 20 de septiembre de 2017

miércoles, 16 de agosto de 2017

Derechos de autor para ONG’s

J. M. Barrie, el autor de Peter Pan, donó todos los ingresos de su obra al hospital infantil de Londres. Como la obra tuviera un enorme éxito, los réditos generados permitieron a dicho hospital perdurar y trabajar con holgura económica. Pero hete aquí que en el año 2007, y según dicta la ley, los derechos de Peter Pan serán libres y exentos de pagar derechos de autor. El hospital infantil, que ve así peligrar su principal fuente de ingresos, ¿qué hace? Decidieron crear otro Peter Pan que diese pan a sus pupilos y a sus administradores. Para ello convocaron un concurso entre escritores para una secuela de Peter Pan, con la condición que se les cediese a ellos los derechos, tal como hiciera J. M. Barrie en su día. Producto de este concurso fue el libro recientemente publicado Peter Pan y el rojo escarlata, de la escritora británica Geraldine McCoughrean. El libro, su estilo, su promoción, su autora incluso, recuerdan a los libros de Harry Potter, libros estos con cuyos derechos podrían funcionar todos los hospitales infantiles del mundo. Y ya que la idea está lanzada, y parece que funciona, ¿a qué esperan todas las instituciones caritativas españolas para imitarlos? ¿No podría Aldeas Infantiles, Oxfam, Médicos sin fronteras o Cáritas convocar un concurso para elegir un libro que continuase, por ejemplo, las aventuras de Manolito Gafotas, o Pulgarcito, o El buscón, y con los derechos y réditos del libro proseguir, más prósperos, sus fines altruistas? Porque no sólo de Peter Pan vive el hombre, y menos las instituciones caritativas. Servirían también el capitán Trueno, el guerrero del antifaz o Roberto Alcázar, con o sin Pedrín. Sugeriría a estas instituciones u ONG’s que aprendieran de estos británicos y siguieran su ejemplo. Podría darse un Platero, tú y la albarda escarlata. Quién sabe.


Zaragoza, 16 de agosto de 2017

miércoles, 9 de agosto de 2017

La meditación

¿Cómo fingen los santones cuando fingen que meditan? Los orientales argumentan que la meditación sirve para dejar la mente en blanco, vacía. Los occidentales para llenarlas con visiones de Dios. Los musulmanes prefieren marearse recitando suras mientras cabecean o dando vueltas como los derviches. Pero la meditación, el plegarse sobre el yo interior, ha progresado y hoy en día existen herramientas que, con sólo exponerse a su influjo, vacían la mente. La más difundida, y exitosa, es la televisión. Este aparato emite ondas místicas que vacían el cerebro y permiten que en él entren los nuevos dioses: coches, lavadoras, detergentes. Ya no se necesita estar recluido en un convento o retirado en el campo o la montaña para quedar ensimismado, vacío de voluntad. Millones de personas experimentan esta misma proeza sentados cómodamente en el salón de su casa deglutiendo comida basura y los ojos fijos en una pantalla encendida. Cuando nos imaginamos a un hombre sumido en la meditación la primera imagen que nos viene a la cabeza es la de un monje budista sentado en la posición de loto. Pero cuando al presidente Bush Jr. le anunciaron la catástrofe del 11-S, su cara se mantuvo varios minutos en profunda meditación, vaciando su mente, con un libro infantil del revés en las manos, en pleno nirvana. Muchas son las hipótesis que se han barajado sobre dónde estaría su mente en ese momento. ¿Se preguntaría qué cayó de la maligna luna la última noche? ¿Ocuparían sus ensueños un desfile de cabras mesopotámicas o egipciacas? Pregunta para los pájaros de yo no sé dónde. Pero me surge otra pregunta: ¿qué diferencia hay entre el “vaciado” del mandatario estadounidense, el del televidente acérrimo, y el del monje budista? Una solo: el “despegue” de Bush es siempre más profundo y no necesita de técnicas de meditación, pues su mente vive perennemente en una noche hipnotizada por la luna.


Zaragoza, a 9 de agosto de 2017

miércoles, 2 de agosto de 2017

Los índices de audiencia y la idiotez

Los índices de audiencia y su influencia sobre el precio de los anuncios han causado un cambio radical en las parrillas de los programas de televisión. Un programa que en un par de semanas no alcanza el índice de audiencia requerido, es eliminado o relegado a un horario de madrugada. Ejemplos no faltan. Con este sistema se eliminan programas con un gran potencial de audiencia pero de crecimiento lento. Lo que a su vez conduce a que se mantengan sólo programas que promueven el escándalo, la banalización chismosa, la broma chusca, y cosas peores. Lo que a su vez conlleva que los espectadores (perdón, clientes) se vuelvan más cazurros y descerebrados. Esta espiral degradante nos ha conducido a la actual televisión, donde priman programas donde lo principal es el morbo, la incultura y las risas enlatadas (dios mío, nos indican hasta cuándo hemos de reírnos; y además risas grabadas hace tantos años que la mayoría de los rientes ya están muertos; dios mío, risas de muertos). Adiós cultura, adiós. Para encontrar programas interesantes, y estos no tienen por qué ser documentales de naturaleza, uno ha de recurrir a cadenas de pago o a canales estatales sin anuncios. Antes podría recurrirse a programas de madrugada, pero ahora ni eso, pues se han sustituido por teletiendas y echadoras de cartas. Está claro que esta situación forma parte de un complot, un complot de los libreros e ilustrados para que apaguemos el televisor de una vez por todas y nos dediquemos a leer. Algunos estamos listos para este cambio de paradigma. El problema es si lo está el 99% de la población, hipnotizada por la estupidez televisiva. ¿Cómo despertarlos de su letargo? Eso no siquiera está en los libros.


Zaragoza, a 2 de agosto de 2017

miércoles, 26 de julio de 2017

El progreso de la filosofía

¿Ha avanzado la filosofía desde los tiempos antiguos? ¿Es ahora más clara, más comprensible, más didáctica? ¿Ha aumentado su influencia sobre la sociedad? La respuesta es un rotundo NO. Hoy la filosofía es impenetrable muro de insoluble concreto, mero juego de abalorios para profesionales del ramo que se mira el ombligo y se celebran unos a otros en revistas que sólo leen ellos. Desde Nietzsche, no ha habido un filósofo que se le entienda, que resulte mínimamente comprensible. El único, si acaso, Ortega y Gasset, quien declaró que la claridad era la cortesía de los filósofos. Después de Ortega, esa cortesía se esfumó y dio paso a una escritura elitista y rencorosa, galimatías para superfluos, y por ello nada influyente. Esta huida hacia lo críptico, hacia el galimatías, culminó con el movimiento de los nuevos filósofos franceses: Deleuze, Guattari, Lacan, et al. Y así, en el colmo de la osadía y la desvergüenza, Lacan osó proferir que “el órgano eréctil es igual a la raíz cuadrada de -1”. Será, el suyo, laxo y retráctil, porque de tanto parir chorradas se le cae a uno el pelo… y la virilidad. ¿Entienden ustedes que la cantidad de información transmitida en un mensaje sea igual al logaritmo binario del número de alternativas susceptibles de definir el mensaje sin ambigüedad? ¿A quién coño se dirige Umberto Eco con esta frase tan “ambigua” (conclusión a la que he llegado sin tener que calcular logaritmos)? ¿Quieren los filósofos de hoy que los entendamos? ¿Pretenden influir en la sociedad profiriendo semejantes majaderías? No, la filosofía no ha progresado desde los tiempos de Diógenes. Los filósofos siguen viviendo en los toneles de marfil del elitismo.


Zaragoza, 26 de julio de 2017

miércoles, 19 de julio de 2017

En torno a la guerra

La guerra es un tema inacabable, inabarcable. La guerra acabará, no obstante, con nosotros. Una prestigiosa revista británica calcula en 600.000 las víctimas de la última guerra de Irak. Y todavía los defensores de la invasión, en vez de sonrojarse o suicidarse de remordimientos, la defienden como una acción necesaria para la libertad. ¿Libertad de quién? Arguyen que se ha derrotado a un tirano. Y yo me pregunto, ¿vale la destitución de uno de los miles de tiranos que pueblan este mundo la muerte de 600.000 hombres? Y eso sin entrar en si ese era el verdadero propósito o eran otros los fines, más crematísticos, que albergaban los invasores. Aceptando la cifra de víctimas anterior como un valor de cambio estándar, a estos defensores de la invasión les preguntaría: “¿Cuántos muertos hubieran estado dispuesto a causar para derrocar a Franco? ¿300.000 muertos hubiera sido un buen precio? Pero se me olvidaba que uno de ellos, el de bigotillo, apoyó a Franco, salió de sus propias filas. Los norteamericanos, que encumbraron y sostuvieron a Sadam Hussein (y a otros tiranos igual de crueles), se arrogan luego el derecho a derrocarlo, aunque el precio en víctimas humanas sea tan alto. Pero aún les haría más preguntas: ¿Por qué Sadam Hussein? En el mundo había (y hay) más tiranos, tiranos más crueles y malvados. ¿Será que estos tiranos no tienen petróleo o que poseen armamento nuclear, dos escenarios que no conviene menospreciar?
            Pero miremos el lado práctico, el más inhumano. Karlheinz Deschner dijo: “Cuando los hombres caen, suben los precios”. Fue profeta con lo de Irak. La guerra elevó el precio del petróleo hasta niveles impensables, precios que dejaron pingües beneficios en las principales compañías petrolíferas que, casualmente, son norteamericanas e inglesas, nacionalidad de los dos principales instigadores de la invasión. Pero si hasta Plutarco lo sabía: “Los pobres van a la guerra a luchar y a morir por los placeres, las riquezas y superfluidades de los ricos”. Cierro esta digresión con una sentencia lapidaria de Hermann Hesse: “El lado para el que trabajan los cañones nunca es el adecuado”.


Zaragoza, 19 de julio de 2017

miércoles, 28 de junio de 2017

La mujer, los poetas y el dolor

¿Por qué la imagen del dolor resalta más, parece más real, en el rostro de una mujer? ¿Será que el dolor va unido a la sensibilidad, que lo propaga y lo amplifica? La mujer pasa por ser más sensible que el hombre. Y si es poeta, doble sensibilidad. Ya lo dijo Aleixandre: “Sí, poeta; el amor y el dolor es tu reino”. Como hemos dicho, si unimos a la cualidad de poeta el de ser mujer, obtenemos la antena más precisa para recoger el dolor en todas sus variantes. Y esa antena bien puede llamarse Alejandra Pizarnik: “Yo no sufro, yo no digo sino mi asco por el lenguaje de la ternura”. Pero mentía, sí sufría, y mucho. Acabó con su vida tomando un tósigo. Se envenenó. Otro poeta que sufrió lo indecible fue César Vallejo: “Me duelo ahora sin explicaciones. Mi dolor es tan hondo, que no tuvo ya causa ni carece de causa”. Sí, la mujer y los poetas son los sufridores de este reino donde impera el desamor. Cuando se quiere resaltar el dolor de una catástrofe, de un atentado, se recurre a las mujeres, mujeres madres, mujeres esposas, mujeres con lagrimales secos de tanto llorar. No sé si el dolor nos hace mejores o simplemente nos endurece, nos hace callo en el ánimo. Decía Umbral, Francisco, que había que beber a chorros del dolor, beberlo a morro. Pero de todos los dolores se bebe a morro. Quienes se preparan una copita de dolor y lo saborean como un enólogo, ése no sabe lo que es el dolor. El dolor no se deja domesticar. El dolor tampoco se olvida. El dolor que se olvida no es dolor. ¡Dichoso el árbol que es apenas sensitivo, y más la piedra dura, y más la nada!


Zaragoza, 28 de junio de 2017